La ganadería regenerativa no consiste únicamente en reducir el daño. Busca que el animal vuelva a formar parte del ecosistema y que la producción contribuya a recuperar el suelo, el pasto y la biodiversidad.
Durante mucho tiempo hemos hablado de sostenibilidad como si el objetivo fuera simplemente hacer menos daño.
Consumir menos recursos. Contaminar menos. Agotar la tierra un poco más despacio.
Pero quizá deberíamos hacernos otra pregunta:
¿Y si producir alimentos también pudiera ayudar a recuperar aquello de lo que depende la propia producción?
Esa es la idea que existe detrás de la ganadería regenerativa.
El suelo es el verdadero punto de partida
Cuando pensamos en carne, pensamos en el animal. Sin embargo, la calidad del alimento comienza mucho antes: empieza en el suelo sobre el que crece el pasto.
Un suelo con actividad biológica, materia orgánica y capacidad para retener agua permite que las plantas se desarrollen y que el ecosistema sea más resistente.
Cuando ese suelo se degrada, todo lo que viene después también se debilita.
Por eso la ganadería regenerativa no observa al animal como una pieza aislada. Lo entiende como parte de un sistema formado por tierra, agua, plantas, microorganismos y biodiversidad.
El animal no tiene por qué ser el problema
El problema no es simplemente que haya animales sobre la tierra. Lo determinante es cómo, cuánto tiempo y con qué intensidad se manejan.
En un sistema bien planificado, los animales se desplazan entre distintas parcelas. Pastan durante un tiempo determinado y después esa zona descansa para que la vegetación pueda recuperarse.
Mientras pastan:
- estimulan el crecimiento de determinadas plantas;
- aportan materia orgánica mediante sus excrementos;
- ayudan a incorporar nutrientes al suelo;
- intervienen en el ciclo natural de la finca;
- y pueden contribuir a crear distintos hábitats dentro del pastizal.
Pero regenerar no sucede automáticamente por sacar animales al campo. Un mal manejo o un pastoreo excesivo también puede degradar el terreno. La diferencia está en observar, planificar y adaptar las decisiones a cada finca.
Por eso nos gusta decir que regenerar no es una etiqueta. Es un verbo.
Respetar el tiempo que necesita la naturaleza
La industria busca que todos los procesos sean uniformes, rápidos y predecibles. La naturaleza funciona de otra manera.
El crecimiento del pasto depende de la lluvia, la temperatura, la estación y el estado del suelo. No todas las parcelas se recuperan al mismo ritmo. No todos los animales necesitan exactamente lo mismo.
Trabajar respetando esos ciclos exige más observación y menos automatismo.
No consiste en abandonar el conocimiento y volver al pasado. Consiste en recuperar lo que tenía sentido y aplicar lo que sabemos hoy para hacerlo mejor.
Volver al origen también puede ser avanzar.
¿Qué cambia para el consumidor?
Puede parecer que todo esto ocurre lejos de la cocina del consumidor. Pero el modelo de producción termina llegando hasta el plato.
Importa porque determina:
- qué ha comido el animal;
- cómo ha vivido;
- qué relación ha tenido con su entorno;
- qué tipo de producción estamos financiando con nuestra compra;
- y qué alimento obtenemos finalmente.
Cada vez que elegimos un producto, también estamos apoyando la forma en la que ese producto se ha creado.
No compramos únicamente carne. Respaldamos un sistema.
Nuestra manera de producir
En La Dehesa Rentable criamos nuestro propio ganado en libertad y lo alimentamos con pasto. Organizamos el manejo buscando respetar los ciclos naturales y permitir que las parcelas tengan tiempo para recuperarse.
No producimos de esta manera para poder utilizar la palabra “regenerativa”.
Lo hacemos porque creemos que producir alimento no debería significar agotar el lugar del que ese alimento procede. Porque el bienestar del animal no puede separarse del entorno en el que vive. Y porque la calidad de la carne no empieza en el envase: empieza en la tierra.
No queremos producir más. Queremos producir mejor
La ganadería regenerativa no promete perfección. Exige observar, corregir, medir los resultados y seguir aprendiendo.
Ese planteamiento forma parte de La Dehesa Rentable desde el principio: cuestionar lo establecido, probar alternativas y demostrar desde la propia finca que existe otra forma de producir.
Una forma con más sentido para la tierra, para el animal y para las personas que finalmente se alimentan de ella.
La próxima vez que veas un trozo de carne, quizá puedas mirar un poco más allá del producto.
Pregúntate de qué suelo procede, qué ha comido el animal y qué forma de producir estás ayudando a sostener.
Ahí empieza el criterio.